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jueves, 8 de noviembre de 2012

Peter Murphy: Atmósfera Violenta

Peter Murphy en Chile
29 de junio, Teatro Caupolicán


Había algo predispuesto el día de ayer, pues nadie podría imaginar mejor escenario para la música poética y oscura de Peter Murphy que la húmeda y lluviosa noche que nos regalo Santiago este viernes. Como anillo al dedo para el ex vocalista de la mítica Bauhaus, quien supo como sacar el máximo partido a los recursos que tenía a mano (tanto escénicos, como también apelando el carácter de leyenda en el que se ha vuelto su imagen), pues si bien el sonido falló por instantes de manera considerable, aún con ello la voz de este hombre de 54 años se mantiene vital consiguiendo -de sobremanera- disminuir cualquier imprevisto que pudo aparecer a lo largo del show, quedándose con un saludable saldo a favor que desgranaremos a continuación.

Primero que todo, el show de Murphy goza de una tremenda transversalidad tanto musical como a cuanto fanaticada se refiere, pues si bien entre el público la cantidad de cierto segmento etario era mayoría, también había cabida para generaciones más actuales. Y de eso es de donde se aferra Murphy, tal vez consiente o no, pues su show viene reflejando desde hace un buen tiempo gran parte de su carrera, retrayéndose a piezas de Bauhaus, de quienes sigue siendo fiel nunca ha renegado ni desconocido la gran escuela (familia) que fue para él, como de su más provechosa producción en solitario en los 90's. Y tal vez lo que le da la consistencia al show; sacando mucho material de "Ninth", su placa 2011.

Si "Ninth" es su mejor placa a la fecha no es materia de discusión por la mera infructuosidad que conlleva, pero de que es un proveedor de grandes temas, en esa lid la placa se vuelve imbatible. Al ser ésta la gira de promoción de ese disco, se ve potenciada totalmente. De hecho los grandes momentos de la noche, obviando a esos himnos sublimes que son 'Cuts You Up' o 'Strange Kind Of Love- Bela Lugosi’s Dead', las que brillaron fueron 'Velocity Bird' o la fantástica 'I Spit Roses'. Los covers también fueron notables, a 'Ziggy stardust' el apelativo de épico le queda chico, así como a 'Hurt' la atmósfera también. Mas ese recurso atmosférico no quedaría sólo ahí, ya que en 'Hollow Earth' y en 'Subway' resultan casi en una definición.

Peter Murphy sabe que puede echarse el público al bolsillo como si nada, y no sólo tiene conocimiento de ello, sino que hace escuela al respecto. De una interpretación sexual y contorneada, ocupa cada espacio y se hecha al hombro la interpretación. Claro, no sería lo mismo sin el violín eléctrico de Emilio Chino o la guitarra de Mark Gemini Thwaite, mas convengamos en que el peso sobre el escenario es de quien pone el nombre a la gira y ese no es otro que el delgado vocalista. Que haciendo usufructo de ello logra tapar cualquier problema técnico que aparezca, como los acoples de sonido en 'Memory Go'.

¿Momento altos?, pues hay muchos. 'Indigo eyes', cristalinidad total; 'Dark Entries' y'Stigmata Martyr', crudeza a toda prueba. Sin embargo, lo que persiste en la memoria cada vez que uno quiere saborear otra vez el show es una impecable capa de ambiente en que los actores como nunca violaron el atrofiado sonido y coronaron una noche casi redonda. Peter Murphy sigue jugando entre la más elegante calma y la violencia riffera mas inusitada, y de paso también enrostrando el buen estado en que se encuentra su voz .Como dice aquel dicho popular "Él que puede, puede".


La Vitrola Clásicos: Radiohead - OK Computer (1997)


El nombre de este álbum tiene peso y dificulta el poner en contexto lo significativo que se volvió para el ambiente musical, como también para la cultura en general. Un álbum que sobrepaso su propios márgenes para catapultarse en una ovación generalizada desde todos lados. Críticos, músicos y seguidores. Todos en un completo acuerdo, volviéndolo sin querer en la nueva punta de lanza de una generación.

Se le atribuye el poder plasmar en sus canciones los tiempos que corrían, unos que a su manera siguen siendo igual de paranoides hasta hoy. “OK Computer” inicia con la frase“The next world war…” que por obligación puso el soundtrack definitivo para el siglo siguiente. Uno donde máquinas y humanos siguen sin diferenciarse entre sí, en una guerra subliminal o al menos ese es el concepto que “dispusieron” quienes lo interpretaron, pues la verdad éste nació casi por espontaneidad. De hecho, Yorke lo ha repetido en reiteradas ocasiones. El nacimiento de este tercer LP no buscaba en ningún momento recrear alguna idea predeterminada, salvo quizás que sonara mejor que “The Bends” (1995) o que asimilara la congestión sónica de “Bretches Brew”, por ende ese maquinal discurso tras “OK” terminó siendo más incidental que planeado.

Por esa razón es que “OK Computer” se hace tan fuerte, ya que sus fortalezas residen tanto en el marcador global como cuando se reducen a la más mínima expresión llamada canción. Digamos, ‘Paranoid Androd’ es un férreo candidato al himno de los 90`s tanto por sus partes esquizofrénicas con Jonny Greenwood a todo dar, como por sus secciones acústicamente celestiales donde Yorke consigue darle todo el agridulce a su voz en los efectivos “Rain down, Rain down on me”. O bien, 'Karma Police', que con un piano teñido de ocaso consigue espabilar hasta el oído mas endurecido. Y para quienes lo ven como un todo está ‘Fitter Happier’, ese antipoema al posmodernismo que no funcionaria en ningún otro lado que no fuese acá.

De los datos que van sorprendiendo cada vez que se va indagando en la concepción de la placa, son los estudios que fueron usando uno de los más llamativos. Desde un estudio rodante hasta mansiones y, por supuesto, su paso por los míticos Abbey Road , los que le dieron la suficiente producción para alcanzar la coherencia y solidez sonora que buscaron desde un inicio. Difícil que la acústica ‘Exit Music (for a film)’ hubiese sonado así de infinita si no se hubiese grabado en aquella mansión.

Otro dato relevante son los ejes temáticos, entre los que se incluyen el tema de la muerte y resurrección. Ejemplos de ello se ven en ‘Airbag’ y ‘Lucky’, canciones donde se llega a aquellos ejes mediante el uso de signos como choques de autos y accidentes aéreos. Estos recursos serían vueltos a usar por la banda en temas como ‘Weird Fishes Arppeggi’. También añaden lo reiterativo de la vida en cortes como ‘No Surprises’, y la rapidez de ésta en ‘The tourist’.

Y ya siendo más acuciosos, podríamos buscar algunas falencias como el único momento de desacople a esta unidad sónica en ‘Electionering’, donde el tropel guitarrero se desbanda un poco en desmedro del bloque, pero se subsana si lo comparamos con ese equilibrio electro-armónico de ‘Let Down’, la canción con la letra mas depresiva del disco, pero -a su vez- una de las melodías mas espontáneas y bellas a cargo del quinteto de Oxford.

Demás esta decir que desde su llegada el panorama no volvería a ser el mismo por una cantidad razonable de tiempo. Imitadores del falsete de Yorke aparecerían después en masa. Radiohead renegaría de su propia obra, hastiados por escucharse en todos lados y siendo malinterpretados hasta el cansancio. Entonces se acogerían al post-rock un poco escapando de la significación de “OK Computer”, logrando buenos resultados en “Kid A” (2000). Sin embargo, jamás pudieron esconderse de lo trascedente que llego a ser, pues la vida moderna y la soledad universal plasmada en cada lirica, riff, nota o secuencia en este disco del 97’ sigue siendo la misma hasta hoy. Por eso, aunque no quisieran, “OK Computer” les siguió iluminando u oscureciendo -depende del crisol con que se mire- la vida a más y más androides paranoides en 15 años ya desde su publicación.

La Vitrola: Beach Boys – That’s Why God Made The Radio (2012)


Sin darle muchos rodeos y solo al empezar con esto, uno puede asegurar que “Think About The Days” cabría perfecto dentro de las introducciones idóneas. Un piano algo melancolizado y unos pequeños tintes vocales que dan una idea de lo que viene a ser y representar este disco luego de 50 años de carrera. Ya en el final del tránsito por los senderos de la música popular viene a convertirse en el merecido autoreconocimiento que The Beach Boys le dedican a la música con la que han predicado por toda su carrera.

Un tributo a otros tiempos, donde la Radio era el medio por el cual las bandas tenían que cimentar su éxito. Una verdadera (y bella) nota de agradecimiento se deja caer con‘That’s why God made the radio' (canción). Es que ante cualquier suspicacia que pudiese levantar esta obra, Wilson y compañía cumplen no siendo ambiciosos y sobretodo dejando que su música cante con ellos. Siempre acompañados por melodías y un escuadrón de armonías vocales por las que parece el tiempo ni siquiera ha pasado.

No hay muchos signos en los cuales aferrarse tampoco, sobre todo a la hora de poder traducir esta colección, ya que siendo ésta “tan a flor de piel” apela a sensibilidades escondidas en cada uno. La música que tu padre pondría un sábado se convierte en la música que tu escucharías por las mañanas con este álbum. Difícil no quedar sin aliento con ‘Shelter’ o ‘The Private Life Of Billie and Sue’. O aún más con ‘Isn’t it Time’. Éstas son las fotografías de que las voces de Al Jardine, Mike Love y Brian Wilson parecieran haberse acogido a alguna cláusula temporal para quedar intactas, tal como sonaban hace veinte o cuarenta años atrás.

En un rotundo refugio de la tormenta se va convirtiendo “That’s why God Made The Radio”. Uno claramente adornado a la vieja usanza y que sin temor a lanzar ciertos reflejos anticuados alcanza su objetivo final. Si aún son más acuciosos y convencerlos de que los Beach Boys la hicieron por quincuagésima vez es una tarea imposible, recurran a‘Day break over the ocean’ o ‘Beaches in my mind’. Ambos terrenos en los que Mike Love tiene un desempeño vocal a partes iguales armónico y fresco. Difícil renegar de tan sanos aportes que, si bien no son puntales del álbum, nos dicen en qué condiciones están las voces de estos viejos ballenatos.

‘Summers Gone’ es la que tiene la función más complicada dentro del conjunto, ya desde su título anuncia con algo de solemnidad que esto se acaba. ¿Se acaba para que? o ¿Para quién? Pues para la placa es el cierre ideal. Para los Beach Boys tal vez, con ese mar sonando en los últimos pasajes (uno no puede imaginar un escenario más idóneo para ellos), a fin de cuentas es el finiquito a una placa dignísima y que sigue perpetuando el legado sonoro de estos habitantes de la eterna California. Pero lo mejor sigue siendo que la vuelven a hacer. A la antigua, pero la hacen.

La Vitrola: Hugh Laurie – Let Them Talk (2011)


Está cada día más frío y el Blues como sentimiento parece aflorar en todo su esplendor en este clima, como un reflejo de su más encomiable y apropiado adjetivo: La música del alma.

Es esta última definición la que le achacaba un kilo de prejuicios al disco lanzado por el actor Hugh Laurie el pasado 2011, pues el hombre también es músico y con este “Let Them Talk” se encarga de defender con uñas, dientes y mucho blues esta faceta. Y con el correr del tracklist se va evidenciando con firmeza que más que un capricho, este es un gran- grandísimo-disco.

Al partir ‘St James Infirmary Blue’ esa pieza que se ha visto tantas veces reproducida por diferentes interpretes desde L. Amstrong a Eric Clapton o el Dr. John (que en este lanzamiento también colabora) y que las generaciones mas recientes pudieron escuchar de mano de la endemoniada versión de los White Stripes. Aquí este músico inglés le da un enfoque totalmente nuevo con su piano, en un comienzo tremendamente convincente y que no duda de forma alguna en poner toda la carne a la parrilla desde el inicio a modo de decirnos “realmente voy en serio”.

¿Y qué tan en serio va? Pues, con todo. Al nivel de recibir colaboraciones de Tom Jones y el ya mencionado Dr. John. Y con tal respaldo es indispensable que el hombre demuestre lo suyo. Con éxito en temas donde su voz parece haber sido moldeada por las riveras del Mississippi y otros donde el intento por alcanzar esa tonalidad se ve apoyada por un saxofón (‘Six Cold Feet’), o donde cuerdas y orquestaciones le da un terminado crudísimo (‘Battle Of Jericho’).

Y el asunto no se remite sólo a esos aciertos. 
‘Swanee River’ roza el rock and roll a puro piano. ‘Police Dog Blues’ y ‘Winin’ Boy Blues’ son ejemplos claros de lo que se cuece acá y, si de calor se trata, ‘They’re Red Hot’, del icono R. Johnson, llega a elevar el termómetro con una versión a toda prueba. Tom Jones se luce en ‘Baby, Please Make A Change’, tanto como su vozarrón le permite y el corolario lo pone la canción homónima en un sitial bien ganado.

En definitiva este es un debut tremendo, donde se deja filtrar el respeto que siente Laurie por la música que interpreta: no hay cabida alguna a otra cosa que no sea ésta. Hugh Laurie deja en el ropero al personaje y se cubre de sus mejores prendas de bluesmanpara ofrecer un sorprendente y coherente disco. Quizás no nació en las tierras donde se fraguo el estilo al que le rinde homenaje, pero de que el tipo la siente, no cabe duda.

La Vitrola: Neil Young & Crazy Horse - Americana (2012)

 Una definición que el mismo Neil Young daría para este álbum, se convertiría a la poste en la única manera de describir la música que aquí se acoge: “canciones que le cantan a un país que ya no existe”.

Si bien ese titulo netamente gringo pueda sonarnos lejano o bien sembrar unos cuantos anticuerpos en quienes vean un colorido demasiado inclinado al país del norte –y, por consiguiente, tremendamente apático- , les resultará interesante la vuelta de tuerca que Young y Crazy Horse (su legendaria banda de apoyo) le dan a las bicentenarias composiciones. Porque mas allá de hablar de una zona geográfica en especifico, estas transversales historias parecen retratar con exactitud un sentir compartido. Al fin y al cabo en todas partes tenemos esperanzas robadas e idiosincrasias tiránicas.

Con el bonachón nombre de “Americana” el canadiense y sus socios de siempre se encargaron de entrelazar varios clásicos de esas tierras y trastocarlas de forma en que los relatos de asesinos y sueños americanos rotos conservaran cierta chispa y un montón de covers reviven en una cabalgata sónica tremendamente accesible.

El común denominador va por el uso de armónicos coros que anidándose en amables melodías le entregan toda la gentileza posible a cortes desprolijos, otros tantos mas lúdicos e incluso varios clásicos instantáneos.

Esta sociedad corta sus nueve años de separación discográfica -desde “Greendale” (2003)- con ‘Oh Sussana!’ y ‘Clementine’, ambos temas de apertura tremendamente asequibles y dinámicos, que invitan sin trabas a sumergirse en los riscosos terrenos de “Americana”.

Luego ‘Tom Dooley’ con una reiterativa estructura toma el mando, sobrepasando uno planos ocho minutos. Afortunadamente, lo que le sigue se irá más de lleno por un country a todo trapo, como en ‘Gallows Pole’‘Get a Job’ y, sobretodo, la carismática‘Travel On' de un finiquito muy pegajoso.

Cuando decía clásico instantáneo me refería a cortes como ‘Jesus Chariot’ una canción perfecta que bordea sin contratiempos la sana convivencia entre la crudeza y la natural melodía que la hace correr y hasta galopar con total soltura.

‘This Land is Your Land’, original del mítico Woodi Guthrie, recobra un poco ese halo de invitación esperanzada (eso si, escondiendo bajo la manga un amargo mensaje). Segundos más tarde muy íntima sonará ‘Wayfarin’ Stranger’; se puede sentir el vapor en los dientes del buen Young cuando la canta de hecho. Y guardan para el final el clásico‘God Save the Queen’, una pieza antiquísima que tal vez rememora ese sentir colonial del país que era -hace mucho- la sucursal del Imperio Británico en una dignísima (e inesperada) forma de dejar caer el telón a la placa.

En el resumen final quedará la sensación que esta re-visión de clásicos estadounidenses se hace dueña de un positivo saldo a favor. Y si usted le puso sus fichas a este caballo, probablemente haya salido ganando, sobre todo si le juega a alguien tan curtido como N.Young, y más aun si está en compañía de la Crazy Horse. Acá, por el momento, se sigue jugando a ganador.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La Vitrola: Sigur Rós – Valtari (2012)


Al día de hoy, seguimos siendo espectadores de una vitrina musical que parece obedecer ciertos dogmas en cuanto a formato, duración, entrega y fines artísticos. Sigur Rós no se exime de este grupo, solo que su dogma parece devolverlos constantemente a abrazar ese sentido artístico que está en otro espectro sonoro y emocional. Se repiten el plato, pero a su bendita/maldita manera.

“Valtari” obedece a esa forma acuática que los Islandeses siempre impregnan en sus placas. Aduciendo a la portada con un barco que se eleva por encima de un mar uterino y etéreo. Formas que parecen incrementar el efecto de las canciones en si, porque la mayoría de las veces una canción nos provoca ir al encuentro de un sentimiento. Por ejemplo ‘Ekki Mukk’ lo trae al lado tuyo, para que la observes y quedes atrapado en una estática de introspección. Como un navegante del barco, no el que lo mira desde la orilla, solo que entre la tripulación de temas te puedes topar con fantasmas y melodías que conoces hace mucho o imaginaste escuchar, pero no te atreviste a abordar antes.

En ese sentido la voz de Jonsi con ese barniz delicado es el gancho inicial que te toma de la mano, pero son las instrumentaciones las que al final ejercen el resto del trabajo, en lo que parece ser un conjunto espiritual, estilizado y ambiental (‘Varùa’).

Bajo esa premisa “Valtari” posee un inicio tremendamente emotivo con ‘Eg Anda’ y –el ya mencionado- ‘Ekki Mukk’. Sin embargo, son temas realmente etéreos como‘Dauðalogn’ los que marcan los limites en los que se aventuran. Con una belleza estremecedora, juega con las percepciones del receptor sin pudor alguno, en una pieza tremendamente hipnótica. Otras como ‘Varðeldur’ se regodean un poco mas en el mestizaje de elementos sonoros, digamos tintineos sobre texturas electrónicas y un poco de cuerdas para tensar la atmósfera, resultando en un crisol de música para escuchar con detenimiento.

En el trecho final se aventuran con ‘Valtari’ y ‘Fjögur piano’, instrumentales que perpetúan el sentir espiritual de una placa hecha -como dicen sus mismos creadores- sin ninguna predisposición emocional. Más bien, es el auditor quien, expuesto a la sugestión del LP, puede hallar su real y personal significado.

¿Qué tan absorbente puede llegar a ser “Valtari”? Unas cuantas escuchas y tal vez lo sepas: esta es música que interactúa peligrosamente con tus sentidos. Así como necesita de ellos también para poder andar.

 

La Vitrola: Joey Ramone - Ya Know? (2012)


Hay algo realmente extraño que sucede con la discografía en solitario de Joey Ramone. Y es que sus dos únicos Long Play hasta la fecha han sido publicados cuando él ya se encontraba muerto, casi como un postulado de que el tipo, bajo tierra y todo, seguía rockeando. Y lo suyo -ya subrayando esta rareza- para alguien con tanto carisma resulta, de cierto modo, paradójico. Con diez años de espacio entre lanzamientos llega esta secuela de “Don’t worry about me” (2002), una vez más en formato póstumo.
Y se sienten algunas diferencias, venidas evidentemente no de la mano del buen Joey, sino de la producción que corrió a cargo de Ed Stasium y Jean Beaviur, aunque realmente el principal artífice tras esta entrega es Mickey Leigh. Si tiramos líneas a su antecesor, encontraremos marcadas diferencias que llevan incluso a la pregunta ¿Estaría el autor conforme con este toque estilístico?

Siempre caracterizado por su sencillez a la hora de crear música lo de Ramone no iba por el sendero de armar complejas secuencias ni nada que se le pareciese. Lo suyo se inclinaba por la escuela de hacer melodías simples y guitarrear lo justo y necesario para prender al escucha. El resto lo hacia el receptor, ese que le dio la venia una y otra vez. Después de todo gracias a esta escuela es que muchos sintieron ese primer affair con el rock’n’ roll. Y bajo esa exigencia la placa revive el cuento corto del escritor Joey. Lo que otros necesitan producir en cientos y cientos de páginas, Jeffry Ross Hyman lo hace en distancias cortas y aun cuando las canciones de este “Ya Know?” tengan un poco de pretensión en su forma, esta no distorsiona demasiado la esencia de las mismas.
Para sacar una conclusión más menos cercana a qué tanta mano tuvieron que meter Mickey Leigh y su gente, descubriremos que se uso básicamente la voz de Joey, que se encontraban en demos inéditos (salvo ‘Merry Christmas’ y ‘Life’s a Gas’, que eran canciones ya grabadas con The Ramones) y en ese esqueleto se fue trabajando para armar canciones mas elaboradas que con excelentes colaboraciones terminaron en composiciones concretas. Difícil que un tema como ‘Party Lines’ tan suave y cadenciosamente pop hubiese tenido esos remates sin la guitarra de Little Steven Van Zandt o la delicada voz de Joan Jett.
Y hay varias más que pasan la prueba entre los quince cortes, digamos piezas de la talla de ‘Waiting For That Railroad’ que con inclusiones acústicas y a puro rock n’ roll entra como ganchos instantáneos; o ‘Going Nowhere Fast’ de una fuerza implícita tremenda. En trasfondo no creo haya otra que le haga el peso a ‘New York City’. Es que la imagen de Joey es absolutamente inseparable de la ciudad que lo cobijó y vio morir. Ésta aparece como referencia obligada en cualquier aspecto, no solo del rockstar, sino de la persona tras el mismo.

Otra cosa a remarcar es que es difícil encontrar otro músico que dibuje sonrisas al instante con su música como Joey. Luego de oír ‘I couldn’t sleep’‘Eyes of Green’,‘21th Century Girl’ o ‘There`s Got To Be More To Life’, resulta complejo el negar la simplicidad como un golpe en las tripas. Porque el tipo sin tener todo el crédito en los tracks (Holy Bent Vicent, o miembros de Cheap Trick estuvieron implicados en el proceso) sigue siendo el dueño del show.


El quiebre estético corre de mano de algunas piezas acústicas que resumen hospitalidad, como ‘Make Me Tremble’ y ‘Life’s a Gas’, canciones que a punta de relajo consuman una obra que sigue enrostrando la relevancia de un tipo que día a día sigue reverberando. Este 2012 Jeffry -o Joey, como se autonombrara- suena un poco menos muerto, un poco más presente. Y como el mismo aseverara: en el rock and roll siempre pone todas sus respuestas. Ya know?

 

Jack White - Blunderbuss (2012)


Jack White es un tipo terriblemente obsesivo. Obsesivo con sus influencias, los viejos bluesman del Mississippi. Obsesivo con reinventarse y no repetir. Obsesivo con buscarle la quinta pata al gato y en esta como en otras ocasiones la encuentra.

Es que cuando se anuncia un disco solista por parte de uno de los personajes mas extravagantes del blues-rock moderno, es difícil taparse los oídos y evitar el ruido que provoca el solo apellido White. Un nombre que llega divorciado recientemente a esta placa, no solo de su esposa Karen Elson, sino de su banda madre, los White Stripes, a quienes luego de haber puesto en hiatus, dio por terminada indefinidamente el año recién pasado; otra muestra de su sensible obsesión por la reinvención.


La separación se cuela en cada sonido del álbum ¿Por qué? Pues acumula casi todos los estilos en los que ha incurrido la promiscuidad musical de White, tributando todo lo pasado y -por qué no- abriendo puertas nuevas, tal cual un proceso de desvinculación. 

Separación amorosa en las letras y musical en la descohesión sónica que invade el playlist de Blunderbuss. No obstante como advertencia, el lado del rock infeccioso que le dio nombre a Jack, sale algo desfavorecido en la cuenta final. Una sumatoria que decae principalmente por pianos y blues mas calmos, los únicos instantes donde se elevan un poco los decibeles es en 'Sixteen Saltines' y en ese rock and roll modernizado de 'I’m Shaking', propiedad de Little Willie John.


Pero también hay un universo de canciones en el disco, el problema es que como tejedor, Jack, las hila de forma desordenada y la cohesión no es una característica resaltante. Variedad si la hay y mucha, pero -por ejemplo- 'Missing Pieces' es una buenísima canción bien templada y de un armado redondo, pero no funciona de apertura. Le falta empuje para abrir, no alcanza a calentar al oyente .Como si lo hace la mentirosa 'Sixteen Saltines' por ejemplo, no obstante es un gran tema que no prende por puro desorden.


'Freedom at 21' no padecerá de esto, es un blues distorsionado y pulido en la doctrina del F5, mas una lírica que ejemplifica a cabalidad lo mencionado en párrafos previos.
Cuestión de escuchar el fragmento “She don't care what kind of wounds she's inflicted on me. She don't care what color bruises that she's leavin' on me. 'Cuz she's got freedom in the 21st century”.

En varios trechos el piano se toma el protagonismo en conducciones calmas y sofisticadas ('Love Interruption', 'Hypocritical Kiss', 'Blunderbuss'), con tonos mas lúdicos ('Trash Tongue Talker', 'Hip (eponymous) Poor Boy'), cediendo a mixturas vocales ('I Guess I Should Go To Sleep', 'Take me with you when you go'), comparten un sello propio, un sabor que pese a lo desordenado prevalece. Y aún quedando resabios a sicodelia como en 'On and On and On' ,la conjunción de todos estos elementos se ve equilibrada en el puntal del álbum. 'Weep Themselves To Sleep', el séptimo track, es sin duda una de esas canciones trabajadas, que gozan de una mezcla de malicia y pizcas de melancolía en sus formas. Digamos, un teclado en tenor misterioso, en plan película de Terror clase B.

Concluyendo, Jack no piensa repetirse el plato, nunca se ha mantenido apegado a ningún proyecto demasiado tiempo. Y deja las miras puestas en lo que incurra la siguiente vez. Quizás, para los amantes de “The Raconteurs” o los primero discos de la banda teñida de rojo y blanco, este no cumplirá las expectativas. Es que Jack White decidió correr el riesgo, y ante tamaña apuesta hay que sacarse el sombrero. Quizás no hay un total acuerdo con la composición, pero así y todo este disco esta sin duda entre lo mejor del 2012.

Black Keys - El Camino (2011)


Nunca el dúo de Akron, Ohio sonó tan accesible como en la placa lanzada a fines del 2011. Es que por las venas de 
Dan Aurbach y Patrick Carney parece correr una especie de rock neo-sónico de difícil elusión. Y casi sin querer parecen destinados a comandar el sonido americano de esta década.

Fieles a la postura que vienen predicando desde "The big Come Up" (2002), lo suyo no es comercializar su sonido por buscar consenso mediático, si no de lleno llevarlo hasta los limites que este pueda ofrecerles. Tentativa que ya se veía venir con el multifacético"Brothers" (2010). De ahí se entiende que nos topemos con cortes de la talla de 'Dead and Gone' o 'Run Right Back', pareciendo ser una de esas obras edificadas en contrastes. 
 
No obstante pese a esta incesante persecución, la colección 2011 sigue sonando a The Black Keys por donde se le mire. Síntomas propios de que el sello que han construido a lo largo de su carrera esta más vigente que nunca, sacudiéndose un poco de la melancolía e internándose de lleno en la maquinaria del rock-blues versión siglo XXI. Todo con tal de demostrar que no vienen a “repetirse el plato”. La batería de Carney suena potente, acelerada incluso para los tiempos en que acostumbraba a moverse y bueno Aurbach parece un mago incesante de riffs, que trastornan por la mera simpleza con que los dota de diversidad. 
 
La placa en si nos lleva desde esa temprana impresión esquizofrénica que produce la pegajosa “Lonely Boy” a la corrosiva “Mind Eraser” internándonos en un viaje por diferentes decibeles y texturas, donde el sonido se vale de si mismo para enrostrarnos actitud y sobre todo variantes. El arsenal de canciones no se hace esperar, lo sintética que pueda sonar “Nova Baby” contrasta de lleno con una interpretación brillante que no cae en clichés. A si mismo “Gold on The Ceiling” puede presumir de una guitarra punzante, al igual que “Little Black Submarine” donde la interacción entre lo acústico y eléctrico parecen formar un equilibrio rotundo. 
 
El intentar desmembrar “El Camino” puede resultar tan dañino como el obviarlo, dueño de un sonido propio y ambicioso (sin ser necesariamente excesivo), deriva en un álbum que parece esconder entre track y track los secretos de una de las bandas más sorprendentes y refrescantes de los últimos tiempos.