Hay
algo realmente extraño que sucede con la discografía en solitario de Joey
Ramone. Y es que sus dos únicos Long Play hasta la fecha han sido
publicados cuando él ya se encontraba muerto, casi como un postulado de que el
tipo, bajo tierra y todo, seguía rockeando. Y lo suyo -ya subrayando esta
rareza- para alguien con tanto carisma resulta, de cierto modo, paradójico. Con
diez años de espacio entre lanzamientos llega esta secuela de “Don’t
worry about me” (2002), una vez más en formato póstumo.
Y se
sienten algunas diferencias, venidas evidentemente no de la mano del buen Joey,
sino de la producción que corrió a cargo de Ed Stasium y Jean
Beaviur, aunque realmente el principal artífice tras esta entrega es Mickey
Leigh. Si tiramos líneas a su antecesor, encontraremos marcadas diferencias
que llevan incluso a la pregunta ¿Estaría el autor conforme con este toque
estilístico?
Siempre
caracterizado por su sencillez a la hora de crear música lo de Ramone no iba
por el sendero de armar complejas secuencias ni nada que se le pareciese. Lo
suyo se inclinaba por la escuela de hacer melodías simples y guitarrear lo
justo y necesario para prender al escucha. El resto lo hacia el receptor, ese
que le dio la venia una y otra vez. Después de todo gracias a esta escuela es
que muchos sintieron ese primer affair con el rock’n’ roll. Y bajo esa
exigencia la placa revive el cuento corto del escritor Joey. Lo que otros
necesitan producir en cientos y cientos de páginas, Jeffry Ross Hyman lo hace
en distancias cortas y aun cuando las canciones de este “Ya Know?” tengan
un poco de pretensión en su forma, esta no distorsiona demasiado la esencia de
las mismas.
Para
sacar una conclusión más menos cercana a qué tanta mano tuvieron que meter
Mickey Leigh y su gente, descubriremos que se uso básicamente la voz de Joey,
que se encontraban en demos inéditos (salvo ‘Merry Christmas’ y ‘Life’s
a Gas’, que eran canciones ya grabadas con The Ramones) y en
ese esqueleto se fue trabajando para armar canciones mas elaboradas que con
excelentes colaboraciones terminaron en composiciones concretas. Difícil que un
tema como ‘Party Lines’ tan suave y cadenciosamente pop
hubiese tenido esos remates sin la guitarra de Little Steven Van Zandt o
la delicada voz de Joan Jett.
Y
hay varias más que pasan la prueba entre los quince cortes, digamos piezas de
la talla de ‘Waiting For That Railroad’ que con inclusiones
acústicas y a puro rock n’ roll entra como ganchos instantáneos; o ‘Going
Nowhere Fast’ de una fuerza implícita tremenda. En trasfondo no creo
haya otra que le haga el peso a ‘New York City’. Es que la imagen
de Joey es absolutamente inseparable de la ciudad que lo cobijó y vio morir.
Ésta aparece como referencia obligada en cualquier aspecto, no solo del
rockstar, sino de la persona tras el mismo.
Otra
cosa a remarcar es que es difícil encontrar otro músico que dibuje sonrisas al
instante con su música como Joey. Luego de oír ‘I couldn’t sleep’, ‘Eyes
of Green’,‘21th Century Girl’ o ‘There`s Got To Be More
To Life’, resulta complejo el negar la simplicidad como un golpe en las
tripas. Porque el tipo sin tener todo el crédito en los tracks (Holy Bent
Vicent, o miembros de Cheap Trick estuvieron implicados en el proceso) sigue
siendo el dueño del show.
El
quiebre estético corre de mano de algunas piezas acústicas que resumen
hospitalidad, como ‘Make Me Tremble’ y ‘Life’s a Gas’,
canciones que a punta de relajo consuman una obra que sigue enrostrando la
relevancia de un tipo que día a día sigue reverberando. Este 2012 Jeffry -o
Joey, como se autonombrara- suena un poco menos muerto, un poco más presente. Y
como el mismo aseverara: en el rock and roll siempre pone todas sus respuestas.
Ya know?
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