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miércoles, 17 de octubre de 2012

La Vitrola: Sigur Rós – Valtari (2012)


Al día de hoy, seguimos siendo espectadores de una vitrina musical que parece obedecer ciertos dogmas en cuanto a formato, duración, entrega y fines artísticos. Sigur Rós no se exime de este grupo, solo que su dogma parece devolverlos constantemente a abrazar ese sentido artístico que está en otro espectro sonoro y emocional. Se repiten el plato, pero a su bendita/maldita manera.

“Valtari” obedece a esa forma acuática que los Islandeses siempre impregnan en sus placas. Aduciendo a la portada con un barco que se eleva por encima de un mar uterino y etéreo. Formas que parecen incrementar el efecto de las canciones en si, porque la mayoría de las veces una canción nos provoca ir al encuentro de un sentimiento. Por ejemplo ‘Ekki Mukk’ lo trae al lado tuyo, para que la observes y quedes atrapado en una estática de introspección. Como un navegante del barco, no el que lo mira desde la orilla, solo que entre la tripulación de temas te puedes topar con fantasmas y melodías que conoces hace mucho o imaginaste escuchar, pero no te atreviste a abordar antes.

En ese sentido la voz de Jonsi con ese barniz delicado es el gancho inicial que te toma de la mano, pero son las instrumentaciones las que al final ejercen el resto del trabajo, en lo que parece ser un conjunto espiritual, estilizado y ambiental (‘Varùa’).

Bajo esa premisa “Valtari” posee un inicio tremendamente emotivo con ‘Eg Anda’ y –el ya mencionado- ‘Ekki Mukk’. Sin embargo, son temas realmente etéreos como‘Dauðalogn’ los que marcan los limites en los que se aventuran. Con una belleza estremecedora, juega con las percepciones del receptor sin pudor alguno, en una pieza tremendamente hipnótica. Otras como ‘Varðeldur’ se regodean un poco mas en el mestizaje de elementos sonoros, digamos tintineos sobre texturas electrónicas y un poco de cuerdas para tensar la atmósfera, resultando en un crisol de música para escuchar con detenimiento.

En el trecho final se aventuran con ‘Valtari’ y ‘Fjögur piano’, instrumentales que perpetúan el sentir espiritual de una placa hecha -como dicen sus mismos creadores- sin ninguna predisposición emocional. Más bien, es el auditor quien, expuesto a la sugestión del LP, puede hallar su real y personal significado.

¿Qué tan absorbente puede llegar a ser “Valtari”? Unas cuantas escuchas y tal vez lo sepas: esta es música que interactúa peligrosamente con tus sentidos. Así como necesita de ellos también para poder andar.

 

La Vitrola: Joey Ramone - Ya Know? (2012)


Hay algo realmente extraño que sucede con la discografía en solitario de Joey Ramone. Y es que sus dos únicos Long Play hasta la fecha han sido publicados cuando él ya se encontraba muerto, casi como un postulado de que el tipo, bajo tierra y todo, seguía rockeando. Y lo suyo -ya subrayando esta rareza- para alguien con tanto carisma resulta, de cierto modo, paradójico. Con diez años de espacio entre lanzamientos llega esta secuela de “Don’t worry about me” (2002), una vez más en formato póstumo.
Y se sienten algunas diferencias, venidas evidentemente no de la mano del buen Joey, sino de la producción que corrió a cargo de Ed Stasium y Jean Beaviur, aunque realmente el principal artífice tras esta entrega es Mickey Leigh. Si tiramos líneas a su antecesor, encontraremos marcadas diferencias que llevan incluso a la pregunta ¿Estaría el autor conforme con este toque estilístico?

Siempre caracterizado por su sencillez a la hora de crear música lo de Ramone no iba por el sendero de armar complejas secuencias ni nada que se le pareciese. Lo suyo se inclinaba por la escuela de hacer melodías simples y guitarrear lo justo y necesario para prender al escucha. El resto lo hacia el receptor, ese que le dio la venia una y otra vez. Después de todo gracias a esta escuela es que muchos sintieron ese primer affair con el rock’n’ roll. Y bajo esa exigencia la placa revive el cuento corto del escritor Joey. Lo que otros necesitan producir en cientos y cientos de páginas, Jeffry Ross Hyman lo hace en distancias cortas y aun cuando las canciones de este “Ya Know?” tengan un poco de pretensión en su forma, esta no distorsiona demasiado la esencia de las mismas.
Para sacar una conclusión más menos cercana a qué tanta mano tuvieron que meter Mickey Leigh y su gente, descubriremos que se uso básicamente la voz de Joey, que se encontraban en demos inéditos (salvo ‘Merry Christmas’ y ‘Life’s a Gas’, que eran canciones ya grabadas con The Ramones) y en ese esqueleto se fue trabajando para armar canciones mas elaboradas que con excelentes colaboraciones terminaron en composiciones concretas. Difícil que un tema como ‘Party Lines’ tan suave y cadenciosamente pop hubiese tenido esos remates sin la guitarra de Little Steven Van Zandt o la delicada voz de Joan Jett.
Y hay varias más que pasan la prueba entre los quince cortes, digamos piezas de la talla de ‘Waiting For That Railroad’ que con inclusiones acústicas y a puro rock n’ roll entra como ganchos instantáneos; o ‘Going Nowhere Fast’ de una fuerza implícita tremenda. En trasfondo no creo haya otra que le haga el peso a ‘New York City’. Es que la imagen de Joey es absolutamente inseparable de la ciudad que lo cobijó y vio morir. Ésta aparece como referencia obligada en cualquier aspecto, no solo del rockstar, sino de la persona tras el mismo.

Otra cosa a remarcar es que es difícil encontrar otro músico que dibuje sonrisas al instante con su música como Joey. Luego de oír ‘I couldn’t sleep’‘Eyes of Green’,‘21th Century Girl’ o ‘There`s Got To Be More To Life’, resulta complejo el negar la simplicidad como un golpe en las tripas. Porque el tipo sin tener todo el crédito en los tracks (Holy Bent Vicent, o miembros de Cheap Trick estuvieron implicados en el proceso) sigue siendo el dueño del show.


El quiebre estético corre de mano de algunas piezas acústicas que resumen hospitalidad, como ‘Make Me Tremble’ y ‘Life’s a Gas’, canciones que a punta de relajo consuman una obra que sigue enrostrando la relevancia de un tipo que día a día sigue reverberando. Este 2012 Jeffry -o Joey, como se autonombrara- suena un poco menos muerto, un poco más presente. Y como el mismo aseverara: en el rock and roll siempre pone todas sus respuestas. Ya know?

 

Jack White - Blunderbuss (2012)


Jack White es un tipo terriblemente obsesivo. Obsesivo con sus influencias, los viejos bluesman del Mississippi. Obsesivo con reinventarse y no repetir. Obsesivo con buscarle la quinta pata al gato y en esta como en otras ocasiones la encuentra.

Es que cuando se anuncia un disco solista por parte de uno de los personajes mas extravagantes del blues-rock moderno, es difícil taparse los oídos y evitar el ruido que provoca el solo apellido White. Un nombre que llega divorciado recientemente a esta placa, no solo de su esposa Karen Elson, sino de su banda madre, los White Stripes, a quienes luego de haber puesto en hiatus, dio por terminada indefinidamente el año recién pasado; otra muestra de su sensible obsesión por la reinvención.


La separación se cuela en cada sonido del álbum ¿Por qué? Pues acumula casi todos los estilos en los que ha incurrido la promiscuidad musical de White, tributando todo lo pasado y -por qué no- abriendo puertas nuevas, tal cual un proceso de desvinculación. 

Separación amorosa en las letras y musical en la descohesión sónica que invade el playlist de Blunderbuss. No obstante como advertencia, el lado del rock infeccioso que le dio nombre a Jack, sale algo desfavorecido en la cuenta final. Una sumatoria que decae principalmente por pianos y blues mas calmos, los únicos instantes donde se elevan un poco los decibeles es en 'Sixteen Saltines' y en ese rock and roll modernizado de 'I’m Shaking', propiedad de Little Willie John.


Pero también hay un universo de canciones en el disco, el problema es que como tejedor, Jack, las hila de forma desordenada y la cohesión no es una característica resaltante. Variedad si la hay y mucha, pero -por ejemplo- 'Missing Pieces' es una buenísima canción bien templada y de un armado redondo, pero no funciona de apertura. Le falta empuje para abrir, no alcanza a calentar al oyente .Como si lo hace la mentirosa 'Sixteen Saltines' por ejemplo, no obstante es un gran tema que no prende por puro desorden.


'Freedom at 21' no padecerá de esto, es un blues distorsionado y pulido en la doctrina del F5, mas una lírica que ejemplifica a cabalidad lo mencionado en párrafos previos.
Cuestión de escuchar el fragmento “She don't care what kind of wounds she's inflicted on me. She don't care what color bruises that she's leavin' on me. 'Cuz she's got freedom in the 21st century”.

En varios trechos el piano se toma el protagonismo en conducciones calmas y sofisticadas ('Love Interruption', 'Hypocritical Kiss', 'Blunderbuss'), con tonos mas lúdicos ('Trash Tongue Talker', 'Hip (eponymous) Poor Boy'), cediendo a mixturas vocales ('I Guess I Should Go To Sleep', 'Take me with you when you go'), comparten un sello propio, un sabor que pese a lo desordenado prevalece. Y aún quedando resabios a sicodelia como en 'On and On and On' ,la conjunción de todos estos elementos se ve equilibrada en el puntal del álbum. 'Weep Themselves To Sleep', el séptimo track, es sin duda una de esas canciones trabajadas, que gozan de una mezcla de malicia y pizcas de melancolía en sus formas. Digamos, un teclado en tenor misterioso, en plan película de Terror clase B.

Concluyendo, Jack no piensa repetirse el plato, nunca se ha mantenido apegado a ningún proyecto demasiado tiempo. Y deja las miras puestas en lo que incurra la siguiente vez. Quizás, para los amantes de “The Raconteurs” o los primero discos de la banda teñida de rojo y blanco, este no cumplirá las expectativas. Es que Jack White decidió correr el riesgo, y ante tamaña apuesta hay que sacarse el sombrero. Quizás no hay un total acuerdo con la composición, pero así y todo este disco esta sin duda entre lo mejor del 2012.

Black Keys - El Camino (2011)


Nunca el dúo de Akron, Ohio sonó tan accesible como en la placa lanzada a fines del 2011. Es que por las venas de 
Dan Aurbach y Patrick Carney parece correr una especie de rock neo-sónico de difícil elusión. Y casi sin querer parecen destinados a comandar el sonido americano de esta década.

Fieles a la postura que vienen predicando desde "The big Come Up" (2002), lo suyo no es comercializar su sonido por buscar consenso mediático, si no de lleno llevarlo hasta los limites que este pueda ofrecerles. Tentativa que ya se veía venir con el multifacético"Brothers" (2010). De ahí se entiende que nos topemos con cortes de la talla de 'Dead and Gone' o 'Run Right Back', pareciendo ser una de esas obras edificadas en contrastes. 
 
No obstante pese a esta incesante persecución, la colección 2011 sigue sonando a The Black Keys por donde se le mire. Síntomas propios de que el sello que han construido a lo largo de su carrera esta más vigente que nunca, sacudiéndose un poco de la melancolía e internándose de lleno en la maquinaria del rock-blues versión siglo XXI. Todo con tal de demostrar que no vienen a “repetirse el plato”. La batería de Carney suena potente, acelerada incluso para los tiempos en que acostumbraba a moverse y bueno Aurbach parece un mago incesante de riffs, que trastornan por la mera simpleza con que los dota de diversidad. 
 
La placa en si nos lleva desde esa temprana impresión esquizofrénica que produce la pegajosa “Lonely Boy” a la corrosiva “Mind Eraser” internándonos en un viaje por diferentes decibeles y texturas, donde el sonido se vale de si mismo para enrostrarnos actitud y sobre todo variantes. El arsenal de canciones no se hace esperar, lo sintética que pueda sonar “Nova Baby” contrasta de lleno con una interpretación brillante que no cae en clichés. A si mismo “Gold on The Ceiling” puede presumir de una guitarra punzante, al igual que “Little Black Submarine” donde la interacción entre lo acústico y eléctrico parecen formar un equilibrio rotundo. 
 
El intentar desmembrar “El Camino” puede resultar tan dañino como el obviarlo, dueño de un sonido propio y ambicioso (sin ser necesariamente excesivo), deriva en un álbum que parece esconder entre track y track los secretos de una de las bandas más sorprendentes y refrescantes de los últimos tiempos.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Radiohead - Ok Computer (1997)

Paisajes cáusticos, hombres deshumanizados, maquinas alborotadoras y rebeldes alienígenas. Piezas de un sistema, donde la sinergia se pasea seguido por la vida. Donde formas parte del todo. paisajes industriales, con calles llenas de papeles numéricos. Es el sonido y la visión de mundo que me da este disco. ¿En que momento nos hicimos calculadoras?

El sonido de este trabajo, el más importante de los 90 sin desmerecer el Nevermind de Nirvana, es irrevocablemente conceptual (aunque la banda diga lo contrario). Dándole al grupo una connotación superior y subiéndolo un escalón por encima de sus pares generacionales. Es decir, adquirieron fama y reconocimiento (la peor pesadilla de su vocalista Thom Yorke).Decantando a la postre en la inspiración de cientos y cientos de agrupaciones nuevas , que veía reflejada su música en los acordes inhumanos y acelerados de estos rockstar renegados y resentidos, con los movimientos acelerados del siglo XX, que aun no cesa. Remontándonos al tercer disco propiamente tal, nos sucumbe con ligeras melodías (algo depresivas) para introducir en medio riffs agudos, como cuchillas en espalda y algo de atmósfera electrónica muy esquizofrénica.

Abre Airbag con una declaración de supervivencia y el inicio de una guerra decadente, sumado a ese sentimiento grisáceo cíclico, le da paso a Paranoid Android, y es difícil explayarse al respecto. Tres canciones entrelazadas a la perfección y bruscamente (dicho sea de paso) Una espiral constante de ira represión y auto exclusión, no somos mas que ovejas en un rebaño. Subterranean Homesick Alien tiene como ese aire muerto, pero que no da escalofríos como Climbing up the walls, sin embargo te dejan como a medias moribundo. Como una mala noche sucumbida por pesadillas electrónicas y números binarios. Exit music (for a film) perpetua el aura inerte y solo vuelve el alma al cuerpo con la bella Let down y sus sonidos luminosos. A la vuelta de la esquina se pasea Karma police otro clásico a estas alturas, de esas baladas que hacen arder. Como una reprimenda de hecho ¡pórtate bien humano cochino o el policía del karma te va a castigar!.Fitter Happier, sirve como catalizador y nos entrega los secretos para llevar una vida plásticamente llevadera. Electionering llega a revolver el ambiente en espirales constantes de distorsión y energía incesante. Empezamos a escuchar las primeras notas de esa canción de cuna que las mamas robot le cantan a sus hijitos androides antes de dormir, esta cancioncilla tan simple y que divaga entre neones azules oceánicos, tildada de imperdible de inmediato, por nombre lleva No surprises. Rememora muerte y resurrección? o una caída abismalmente brillante. Decidan ustedes. Lucky, ya nos habla de tonos más vistos, pero con un desgarro cierto y cierra de manera perfecta The tourist con su mensaje de lentitud y ese ruido de microondas, tan adecuado.