Nunca el dúo de Akron, Ohio sonó tan accesible como en la placa lanzada a fines del 2011. Es que por las venas de
Dan Aurbach y Patrick Carney parece correr
una especie de rock neo-sónico de difícil elusión. Y casi sin querer parecen
destinados a comandar el sonido americano de esta década.
Fieles
a la postura que vienen predicando desde "The
big Come Up" (2002), lo suyo no es
comercializar su sonido por buscar consenso mediático, si no de lleno llevarlo
hasta los limites que este pueda ofrecerles. Tentativa que ya se veía venir con
el multifacético"Brothers" (2010). De
ahí se entiende que nos topemos con cortes de la talla de 'Dead and Gone' o
'Run Right Back', pareciendo ser una de esas obras edificadas en
contrastes.
No
obstante pese a esta incesante persecución, la colección 2011 sigue sonando a
The Black Keys por donde se le mire. Síntomas propios de que el sello que han
construido a lo largo de su carrera esta más vigente que nunca, sacudiéndose un
poco de la melancolía e internándose de lleno en la maquinaria del rock-blues
versión siglo XXI. Todo con tal de demostrar que no vienen a “repetirse el plato”.
La batería de Carney suena potente, acelerada incluso para los tiempos en que
acostumbraba a moverse y bueno Aurbach parece un mago incesante de riffs, que
trastornan por la mera simpleza con que los dota de diversidad.
La
placa en si nos lleva desde esa temprana impresión esquizofrénica que produce
la pegajosa “Lonely Boy” a la corrosiva “Mind Eraser” internándonos en un viaje
por diferentes decibeles y texturas, donde el sonido se vale de si mismo para
enrostrarnos actitud y sobre todo variantes. El arsenal de canciones no se hace
esperar, lo sintética que pueda sonar “Nova Baby” contrasta de lleno con una
interpretación brillante que no cae en clichés. A si mismo “Gold on The
Ceiling” puede presumir de una guitarra punzante, al igual que “Little Black
Submarine” donde la interacción entre lo acústico y eléctrico parecen formar un
equilibrio rotundo.
El
intentar desmembrar “El Camino” puede resultar tan dañino como
el obviarlo, dueño de un sonido propio y ambicioso (sin ser necesariamente
excesivo), deriva en un álbum que parece esconder entre track y track los
secretos de una de las bandas más sorprendentes y refrescantes de los últimos
tiempos.
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